Y acá estoy, otro fin de semana entre cables, conexiones, respaldos y tutoriales. Se me mete en la cabeza uno de esos que yo llamo “proyectos” y no me detengo hasta que consigo terminarlo (o al menos alcanzar un punto que me permita ocuparlo y seguir haciendo ajustes en el camino). Es un descenso a un estado mental que me distrae, me entretiene y se siente como un desafío bastante entretenido.
Obviamente, todo tiene un límite, muchas veces termino sintiéndome sobrepasado y me pregunto mil veces si debí seguir esa idea porque no tenía ninguna obligación de avanzar en ello. La percepción cambió, y lo que antes se veía como un desafío, ahora es un lastre.
Y como soy así, hace unos días subí una foto, de esta misma “sesión” y era, sinceramente, la mejor opción para representar ese momento. Pero ahora no lo es. Los motivos son muchos y me cuesta entender por qué tomé esa decisión. Y ni hablar de lo que pasa cuando veo mis fotos de hace años atrás. Pero finalmente eso queda en mi mente, su efecto es limitado, el impacto sólo se queda en mi memoria y el arrepentimiento aparece de vez en cuando.
Tengo claro que mi percepción cambia, que mi forma de ver el mundo también, pero la verdad es que cuando hay decisiones de fondo, de esas que de alguna manera generarán un impacto, me es muy difícil replanteármelas, porque hubo mucho pensamiento previo, vueltas mentales interminables, noches sin dormir, evaluando casi todas las aristas posibles.
Sí, podemos hablar de formas, pero no del fondo: Esa percepción nunca va a cambiar, porque la decisión estaba clara desde un inicio.
2025.10.17
Centro Comercial Eurocentro
Santiago Centro, Chile.
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