Cuando no sabemos hacia donde vamos, no queda más que aferrarnos a algo de luz. Y después queda atreverse a atravesar ese umbral.
Creo haber sido el único que pasó por este lugar en mucho tiempo. Más allá de lo que una este puente, una reja impide que cualquier persona transite por ahí. Un pequeño cambio, lleva a este espacio al olvido absoluto.
Había una segunda versión de esta foto, la cual me gusta más, ya que deja ver el esfuerzo de la luz para llegar a lugares inalcanzables, especialmente en una ciudad densa donde los reflejos no ayudan mucho.
Los ángulos rectos si están en el eje vertical, pero acá prima la diversidad de otras orientaciones.
Una puerta, materiales, luz y sombra. Una situación que une tres colores a veces distanciados.
Hay lugares imposibles de apreciar sin ampliar un poco nuestra mirada (algo que aplica a muchas cosas).
La comunicación siempre evoluciona, se adapta y nos ofrece alternativas, pero nada supera a la versión más clásica y simple: directa y de frente. Usémosla.