Había una segunda versión de esta foto, la cual me gusta más, ya que deja ver el esfuerzo de la luz para llegar a lugares inalcanzables, especialmente en una ciudad densa donde los reflejos no ayudan mucho.
Había una segunda versión de esta foto, la cual me gusta más, ya que deja ver el esfuerzo de la luz para llegar a lugares inalcanzables, especialmente en una ciudad densa donde los reflejos no ayudan mucho.
Los ángulos rectos si están en el eje vertical, pero acá prima la diversidad de otras orientaciones.
Hay lugares imposibles de apreciar sin ampliar un poco nuestra mirada (algo que aplica a muchas cosas).
La comunicación siempre evoluciona, se adapta y nos ofrece alternativas, pero nada supera a la versión más clásica y simple: directa y de frente. Usémosla.
Depende como se miren y desde donde se miren, en la ciudad pueden darse muchas intersecciones y no hablo de calles.
Alturas, líneas, extensiones de otros tiempos. Espacios que cada vez son más escasos en todas partes, incluso fuera de Santiago.
Cuando la noche cae, los lugares se cierran; los bloqueos nocturnos que se convierten en lienzos
Son fachadas que están ahí, a vista y paciencia de todos, pero descartadas por no estar “en frente”. Al menos hay alguien mirando.
Era otoño cuando tomé esta foto, ha pasado harto tiempo y sigue teniendo todo aquello que me llama la atención.
Hay momentos en el día en que algunos lugares, especialmente en Santiago, quedan olvidados por la luz del sol, cayendo en la penumbra antes de tiempo.