No vivo mirando a mi espalda, ni pienso que algo puede pasarme. Por lo general mantengo mi vista al frente y registro prácticamente todo lo que veo. Por lo mismo, para mí son muy raros esos encuentros “sorpresivos”. A veces es fome, porque la opción de sorprenderse se terminó hace rato, lo que convierte la situación más que nada en un ciclo de pensamientos sobre cómo voy a reaccionar cuando estemos más cerca. Excepcionalmente puede que no te vea, quizás […]










