Arreglar el mundo

Creo que eso es lo que mejor hacen dos personas que comparten una visión de lo que nos rodea. En ese compartir están los momentos tristes, los graciosos, los secretos y los reservados solo para quienes entienden tu humor. Son horas y horas desarrollando temas que no necesariamente tienen que ser un “podcast”. Compartir y discutir sobre algo es un acto íntimo, que no necesariamente debe ser público.

Me gusta arreglar el mundo, aunque mi incidencia en él sea mínima (aunque fundamental en ciertos aspectos). Tampoco creo que tengo las respuestas a todo, ni que mis posturas vayan a revolucionar la forma en que nos desenvolvemos. Sí, creo que sé que estás pensando: “Pero si siempre estás enojado y sólo te dedicas a reclamar”. No lo confundas con negatividad ni odiosidad; es sólo que creo que esa necesidad de solucionar problemas va (un poco) de la mano de cierta dosis de disconformidad. Porque, “si funciona, no lo repares”.

Pero más allá de lo que podamos conversar, el efecto que más disfruto es aquella capacidad de conectar, de intercambiar, de tomarnos un tiempo de mirarnos a los ojos y decidir pasar un tiempo juntos, especialmente en tiempos tan inmediatos y acelerados. Sí, puedo vivir acelerado por mis cosas, pero si debo dedicarle un momento de mi día a alguien (que vale la pena) con quien no comparto hace mucho, debo hacerlo sin pensar en rentabilizar: que sea como tenga que ser y de ahí sólo podrá salir un buen recuerdo.

Entonces, ¿Arreglemos el mundo?

2025.11.15

Kaua, Yucatán

México

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