Muchas veces (más de las que quisiera) soy impaciente y acelerado. Mmm, ahora que lo pienso, es prácticamente mi estado natural: “Qué no sabes estar desocupado”, “todos tenemos tiempos distintos”, “deja que fluya” son cosas que me han dicho muchas veces y si bien en ciertos momentos tiene sentido, no son frases que puedo asimilar fácilmente. Si, con harto trabajo, he logrado que las cosas no se sientan tan agotadoras, ni que el sentido de urgencia pase por encima mío constantemente, pero aún así, hay cosas que me cuesta dejar pasar.
Por lo mismo, seguir esperando, no es una de mis fortalezas. Al contrario, creo que me juega muy en contra, especialmente cuando de mantener la comunicación se trata. Hasta cierto punto, me desesperan aquellos temas que no se hablan, conversaciones en que solo hay un emisor y situaciones donde no hay mensaje, pero todo indica que hay algo que decir. Esto último es lo peor, porque mi cabeza es especialista en llenar espacios en blanco (y no con pasajes maravillosos y esperanzadores).
Tengo que seguir esperando, tengo que aprender, asumir que algunas cosas se resolverán con el tiempo y que otras quedarán en ascuas eternamente, donde la espera termina en un punto incierto, indefinido, ese en el que no adviertes que dejaste de estar pendiente.
Eso si, una vez que advierto eso, se reinicia el ciclo y comienzo a contar los días nuevamente. El punto es si sentiré o no la urgencia.
2025.11.15
Valladolid
Estado de Yucatán, México
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