A veces quisiera estar lejos de todo, en un lugar donde no tuviera que lidiar con actitudes inentendibles, ni con acciones, para mí, insoportables.
Quisiera alejarme de este lugar, donde las fórmulas, las repeticiones, las sonrisas falsas y la positividad tóxica priman: aunque trate de alejarme, me quedo porque es el único lugar en el cual puedo mostrar lo que hago. Pero a costa de ver caer a muchos en un intento desesperado por crearse un espacio en el que todos están gritando y sólo unos pocos realmente quieren escucharte.
¿Por qué no es suficiente con esos pocos? Creo que puedo entenderlo: todos nos sentimos orgullosos de lo que creamos, queremos compartirlo y, eventualmente, conversar sobre eso. Pero no podemos sacrificar nuestra sanidad mental, nuestros tiempos, ni nuestros principios por tratar de ganarle a una fórmula matemática que sólo un puñado de personas conoce. Este sistema quiere que sientas que pierdes. Quizás seguir esos pasos puede dar frutos, pero yo no estoy para eso.
También quisiera mantener distancia de aquellos que no se esfuerzan por recuperar espacios. Esos que esperan, que por arte de magia todo vuelva a ser igual y que al mínimo tropiezo cierran puertas. Pero me quedo. Yo no soy así y no puedo, me niego a hacer pasar a otros por aquellas incomodidades a las cuales he tenido que enfrentarme. Nunca buscaré empeorar las cosas.
Finalmente acá estoy, atrapado entre muros sociales, luchando para derribarlos, a punta de conversaciones y argumentos que de cierta manera llenan el corazón, siempre con la intención de avanzar y no perder el norte de quien soy.
2025.11.15
Yucatán, México
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