Normalmente no me dejo llevar por la nostalgia o, al menos, trato de verla como un recuerdo que está inserto en un contexto diferente, pero no necesariamente como algo “mejor”, sino como una experiencia distinta.
Por un lado, me gusta lo que han hecho con este espacio en el Persa Bio Bío y en lo que se ha convertido, pero al mismo tiempo es un ejemplo de la transformación de un lugar muy importante en Santiago.
Sí, la gentrificación y todo eso, bla bla bla. Pero más allá de ese concepto, es el hecho de que se ha perdido eso de recorrer, buscar y encontrar algo, sorprenderse, y conseguirlo a un precio “razonable”. Quizás se mantiene un poco al pasearse por los puestos improvisados en las veredas, pero incluso así, resultado (creo) de la hiperconectividad, todos saben “lo que tienen” y todo está “inventariado”. Por lo tanto, los precios se regulan por lo que proveen las diversas fuentes de información. No digo que no sea justo, pero había cierta gracia en “descubrir” algo. O tal vez soy yo que ya no tiene la energía para buscar con más paciencia, desanimándome al primer momento que detecte un precio igual o mayor que en lugares establecidos.
Mira, tengo claro que las ferias libres han tomado ese improvisado espacio comercial, pero “el Persa” siempre ha tenido su atractivo; siempre vuelvo allí y algo encuentro, aunque muchas veces lo sienta como un mall donde hay de todo, pero con la diferencia importantísima de que el orden es poco lógico y las boletas no existen.
Al menos en el Persa todo es un poco más real.
2026.01.11
Persa Bio Bío, Galpón Victor Manuel
Santiago, Chile
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